viernes, 30 de octubre de 2015

Poema XX4


Te vivo prestada maraña de noches

ausculta y oculta entre alerones de mimbre
contenida sobre leones y eones.


En 
tu calma, con la historia de los santos y la presunción de las rocas;
resuenas y se estremecen los cintos 
en los que la oquedad duerme y tu flor se salva.

Cuando las sombras  llegan
encienden la maquina de hacer piruetas del corazón

y mueren todos los peces del mundo.
Todo se vuelve trueno y rojo
como una explosión de sangre sobre un techo acuoso.

Yo lloro y te nombro
                    pasión delirante... 

                            Salvadora del mundo.
Luna,
Espejo de mi alma
anhelo inalcanzable
por qué dejas de mirarme
cuando la poesía me abandona