lunes, 23 de mayo de 2016

Poema XX5


Hace falta contemplar una hebra de fuego entre los parpados
En una tarde de trinos y paredes viejas
para descubrirte como muñeca descocida entre mis brazos
afilando mi lujuria con tu canción de emperatriz impía.
y hace tan poco, que parece un chiste
el que hayas podido comprender la maquinaria solitaria de mi sexo
Fanático visceral y de tres vuelos.
Está media la copa y vos sonríes
con malicia pervertida y cadavérica.
Estamos ebrios de cenizas e injusticias.
Iglesia rota, eucaristía en celo 
Nos bebimos el vino sagrado en el cáliz más impuro
en este cuarto de entierros simultáneos y potentes.

Tú me levantas con pasiones de tornado
 y me estrellas contra el mundo y sus pesares,

y en las sutiles planicies de esta cama extraña
no hemos terminado y ya te extraño.

No me quieras  nuevamente cerca,
ni siquiera lo imagines muñeca descocida
porque en el fascinante mundo que creamos esta tarde,
no pueden vivir las llamas en armonía con las flores.
Luna,
Espejo de mi alma
anhelo inalcanzable
por qué dejas de mirarme
cuando la poesía me abandona