miércoles, 29 de febrero de 2012

Viejos escritos - Silencio, cajón de lineas perdidas



Urbe
Ciudad de penas y lamentos,
luces difuminadas en lágrimas,
furiosos moteles se retuercen,
y tabernas manifiestan a carcajadas
su cotidiana embriaguez.


Desnudez
Pasa bajo mis ropas,
dime que la noche no existe.
visita  las llamas que queman corazones,
conoce siluetas de hombres ya inertes,
vidas que desde otoños se escurren
entre los helados dedos de la muerte.

  
Silencio
conspiración de almas que envuelven el deseo;
cintas color de sol,
abraza mi sentir,
y apuñálalo… apuñálalo mientras canta el ruiseñor,
mientras canta, rompiéndote a ti: silencio.


 Réquiem
Toca la guitarra de sombras
Seduce el corazón del pecador
Con tu mar de fanáticos demonios
Y la de tu canción; alucinante letra
Músico del inframundo
Espero con ansias la última nota


Paranoia
Curca los senderos de lo desconocido
Para encontrar el alma tan anhelada
Seduce su aroma de vida
Y escapa de la oscuridad absoluta.


Sol negro
Rayos de un sol negro
ensombrecen los rostros,
toneles de ámbar son cargados
por los blancos esclavos…
mientras los negros degustan,
exóticos frutos de tierras conquistadas.


Desolado
Fuego helado es la nostalgia,
llama avivada por un silencio deshabitado,
incinera los huesos y la carne sin piel;
cenizas de vida vuelan con el viento…
es tarde, ya no hay miradas ni besos.


Visión
Me sumerjo en la otra cara del espejo,
donde todo está invertido.
Allí mi cuerpo es de mujer y el tuyo de hombre,
y nos encontramos en sueños para vagar,
solos, adyacentes
sin ignorar el sabor mutuo de nuestras quimeras.


Cuarto
Ventanas que dan vista de mi soledad,
permiten la entrada a malos pensamientos,
paredes que me abrazan,
intentan atraparme…
sepultarme en su inescapable quietud.


Sombras
Mariposas negras se posan,
sobre las flores de una inquietante oquedad.
Vidrios de ojos magentas,
llueven centelleantes
entre la desesperante felicidad,
del ser que persigue a las mariposas.

1 comentario:

Rimel

Luna,
Espejo de mi alma
anhelo inalcanzable
por qué dejas de mirarme
cuando la poesía me abandona